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Las cosas buenas dejan de ser buenas si gozamos de ellas torcidamente. Disfruta de pura dulzura, abraza con fe la vida sino esta se convierte en fuente de amargura. El arte, aunque no cura todos los males de la sociedad, sí tiene es un gran poder de humanización y sensibilización.
Profundizar y ensanchar la sensación de ser clarificando y consolidando el contenido esencial de la conciencia a eso conlleva el estudio de la propia vida. De las delicias surge el dolor; de las alegrías, la tristeza.
¿Qué es la vida del hombre sino el fantasma de un sueño? Por la mañana se levanta feliz, luego está en el potro del tormento; en esta hora es un dios, a la siguiente será menor que un gusano; en un momento ríe, y en el siguiente llorará. Sin embargo, ni la comodidad ni el dolor se han fijado en él; no ha llegado a ser mayor, ni menor; no tiene causa para reír, ni razón para sufrir; por lo tanto ninguna de ambas cosas permanecerá con él.
El recto lenguaje, la recta acción y los rectos medios de vida son conceptos importantes en el budismo y se refieren a cómo uno debe comportarse y vivir de manera correcta y virtuosa.
El recto lenguaje se refiere a la importancia de hablar de manera veraz, honesta y respetuosa. En el budismo, se cree que el lenguaje puede tener un gran impacto en los demás y en uno mismo, y que el uso de palabras incorrectas o irrespetuosas puede causar sufrimiento a otros y a uno mismo.
La recta acción se refiere a la importancia de actuar de manera ética y justa. Esto incluye evitar hacer daño a otros seres vivos y tratar a todos con respeto y compasión.
Los rectos medios de vida se refieren a la importancia de vivir de manera sana y equilibrada. Esto incluye evitar excesos en el consumo de comida, bebida y otras cosas y enfocarse en actividades que sean beneficiosas para uno mismo y para los demás.
Se cree que al cultivar estas virtudes, uno puede desarrollar la mente y el intelecto de manera más clara y sutil, lo que puede ayudar a alcanzar la sabiduría y la comprensión profunda.
Paṭiccasamuppāda (pali; sánscrito: pratītyasamutpāda), traducible como «surgimiento dependiente» u «originación dependiente», es un término budista temprano que ha adquirido dos significados diferentes, aunque compatibles.
En un sentido general, se emplea para referirse al descubrimiento de que todo en el mundo se debe a causas y efectos. Las cosas no son fijas y eternas, sino que llegan a ser debido a determinadas causas, permanecen mientras se dan las condiciones apropiadas y se convierten a su vez en condición para cosas futuras.
En un sentido más específico, alude a una serie de doce eslabones (nidāna) que ilustra cómo y por qué existen los seres. El primero de tales eslabones es la ignorancia (1, avijjā), que condiciona las formaciones volicionales (2, saṅkhāra): actos, palabras e intenciones ignorantes, con consecuencias kármicas. A la muerte, estas formaciones condicionan la conciencia (3, viññāṇa) que renacerá en otro lugar: dicha conciencia condiciona un futuro cuerpo-mente (4, nāma-rūpa). Los sentidos de ese ser (5, saḷāyatana) condicionarán el contacto sensorial (6, phassa), que permite experimentar sensaciones (7, vedanā) placenteras, desagradables o neutrales.
En el común de los seres, dichas sensaciones despiertan el deseo (8, taṇhā), que trae consigo el aferramiento (9, upādāna). El resultado de aferrarse a las cosas es el devenir (10, bhava), la continuación de la existencia samsárica que resultará en un nacimiento futuro (11, jāti), con el corolario inevitable del envejecimiento, la muerte (12, jarā-maraṇa) y otros sufrimientos. Tenemos, pues, tres vidas entrelazadas: las voliciones ignorantes de un ser condicionan el nacimiento de otro, cuyo apego por los objetos sensoriales condiciona el nacimiento de un tercero.



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