PERIODISMO NARRATIVO
La literatura es una noticia que siempre es noticia
Ezra Pound
El periodismo narrativo, también conocido como periodismo literario o de largo aliento, es una forma de escritura periodística que utiliza técnicas literarias para contar historias basadas en hechos reales. Se centra en la narración detallada y envolvente, utilizando personajes, escenas y diálogos para sumergir al lector en la experiencia. Este enfoque busca generar una conexión emocional con el lector y ofrecer una comprensión más profunda de los eventos y sus protagonistas.
Enfoque en la narración:
Se prioriza la forma en que se cuenta la historia, utilizando técnicas como la descripción, el diálogo y el desarrollo de personajes para crear una experiencia inmersiva.
La narración ofrece la posibilidad de captar y dejar huella de las acciones humanas, a través de géneros como el reportaje, la crónica, la entrevista, como género en sí, el perfil y el testimonio.
Investigación exhaustiva:A pesar de su enfoque literario, el periodismo narrativo requiere una investigación rigurosa para asegurar la precisión y veracidad de la información.
Creación de personajes:Los personajes son centrales en el periodismo narrativo, y se les da profundidad y desarrollo para que el lector pueda conectar con ellos a nivel emocional.
Uso de escenas:Se utilizan escenas detalladas y vívidas para recrear situaciones y transportar al lector al contexto de la historia.
Inmersión del lector:El objetivo es hacer que el lector se sienta parte de la historia, experimentando las emociones y perspectivas de los personajes.
El periodismo narrativo es una forma de escritura que por sus características, que incluyen encontrar personajes, recrear acciones y contextos, ha sido un modo para mantener una memoria viva de las civilizaciones, una historia que palpita y está viva en esos papeles amarillentos, que cobran validez cada que alguien se dedica a estudiarlos.
Convertir el dato en conocimiento es ir más allá de lo estadístico, es responder al componente estético, procurando lograr una asociación que le permita al lector entender y aterrizar una cifra, y al componente informativo, entender que se hace periodismo, y no es suficiente con que se escriba bonito.
Para establecer la diferencia entre el periodismo perecedero y aquel que trasciende debemos analizar un concepto básico, el de géneros periodísticos.
Para el profesor Martínez Albertos, citado por César Mauricio Velásquez, en el Manual de géneros periodísticos (2005) éstos son ''aquellas modalidades de creación lingüística, destinadas a ser canalizadas a través de cualquier medio de difusión colectiva y con el ánimo de atender a los dos grandes objetivos de la información de actualidad: el relato de acontecimientos y el juicio valorativo que producen tales acontecimientos'', es decir, los géneros periodísticos, independiente del medio en el que se presenten, son formas de creación lingüística en las que es posible opinar, narrar y describir; en ellos hay un autor, con nombre propio; puede existir un narrador, unos personajes, un tiempo, un espacio, como en la literatura.
Desde los Cronistas de Indias hasta los Nuevos Cronistas de Indias ha habido un intercambio entre la literatura y el periodismo que ha generado productos exitosos como El Carnero, de Juan Rodríguez Freile; el trabajo de Gabriel García Márquez; el desarrollo de movimientos como el Modernismo; épocas y formas de narración como las novelas denominadas de la Violencia. En nuestros días se ha recibido un impulso con un grupo de escritores que intentan reflejar la realidad de nuestro continente con la búsqueda de una voz personal que deja testimonio de una época.
La literatura y el periodismo han tenido una relación estrecha, unos lazos que las han emparentado y enriquecido. Ese vínculo se hace más claro en el Nuevo Periodismo, que los norteamericanos dicen haber inventado, pero que ya estaba latente en la obra de Daniel Defoe, en el Diario del año de la peste; en la de José Martí, y, más contemporáneamente, en el Relato de un Náufrago, de Gabriel García Márquez.
Este tipo de periodismo se vale de unas técnicas similares a las de la literatura, como contar el relato escena por escena; el manejo del tiempo y la tensión para crear atmósferas y dar cuenta de los hechos que los ocupan. Inclusive, ambas son construcciones del lenguaje y a él se deben. El periodismo narrativo tiene el compromiso con la información, pero, además, con el componente estético.
El periodismo narrativo trasciende en el tiempo; se puede leer una buena crónica de hace mucho tiempo e identificar todos los elementos de validez que se encuentran en un buen relato literario, en el que se establece un diálogo entre el lector y el escritor de cualquier época
Periodismo con una mirada subjetiva Un periodismo que toma decisiones como el tipo de narrador que va a utilizar, que desecha gran cantidad de información, que incorpora anécdotas y detalles que, al periodismo de primera plana, pueden parecer insignificantes; un periodismo que reconstruye atmósferas, lugares, personajes; un periodismo en el que se notan las particularidades del periodista que lo escribe; que escoge temáticas sin necesidad de que provengan de historias espectaculares, necesariamente tiene una mirada subjetiva.
La profesora y periodista Patricia Nieto3 plantea, en el prólogo del libro Escribiendo historias. El arte y el oficio de narrar en el periodismo, del escritor y periodista Juan José Hoyos4 (2003), que:
Los combates por la narración en el periodismo se libran en la arena de lo subjetivo, y ello sugiere que los periodistas desean conquistar la ambigua franja donde se unen lo público con lo político, lo colectivo con lo privado, lo íntimo, lo individual. Esta tendencia, subversiva si se quiere, se ha extendido sobre campos antes exclusivos de literatos, antropólogos, historiadores y filósofos. (Nieto. En: Hoyos, 2003, p. 5).
En el periodismo narrativo es importante la interpretación, esa parte subjetiva que menciona Patricia Nieto (2003). Las crónicas, como los cuentos, los reportajes, como las novelas, no son la realidad, son una representación de esa realidad, y se acercan a lo que George Stainer5 (2000) ha denominado posficción, ese campo en el que hay una delgada línea entre la ficción y lo fáctico. Eso sí, con la claridad absoluta de que en el periodismo no hay lugar para aquello que se inventa, no cabe la mentira.
El asunto de la subjetividad en el periodismo parece un equívoco, si miramosel periodismo desde su concepción tradicional o si nos apegamos a la definición del periodismo informativo, pero el periodismo va más allá de la noticia, en él están presentes otros géneros en los que es necesario el componente subjetivo, la mirada, la interpretación, el análisis, la descripción del periodista que los realiza.
El buen periodismo, ese que han llamado Nuevo Periodismo, Periodismo Literario, Literatura de Hechos, Literatura de no Ficción, Periodismo Personal, Paraperiodismo o el arte de narrar en el periodismo, como lo definiría Juan José Hoyos (2003), es subjetivo y omnívoro, porque toma elementos de las distintas disciplinas de las ciencias sociales y las distintas disciplinas de las ciencias sociales toman elementos de él. La noticia deja de ser objetiva, la objetividad como la verdad son conceptos relativos, lo que busca este tipo de periodismo es ser preciso, consultar el mayor número de fuentes posibles para acercarse al hecho, hacer una investigación responsable, contrastar distintos tipos de fuentes y, por supuesto, que el periodista interprete los datos, que no sea un agente pasivo, un simple transmisor de información.
Uno de los valores periodísticos que actualmente sufre toda suerte de ataques es el de la objetividad. La objetividad se puede entender en dos sentidos: como una búsqueda de la verdad, o como un total apartamiento emocional e ideológico del periodista frente a la noticia. No hay duda de que la segunda es, al menos entre seres humanos, un mito. Toda noticia, todo reportaje, está lleno de decisiones de tipo personal del periodista [...] El contenido de objetividad como cualidad periodística se ha renovado en el sentido que se lo entiende ahora como la actitud profesional a favor de la verdad. (Gordimer, 1997, p. 30).
La premio Nobel de 1991, Nadime Gordimer, entiende que el periodismo no puede transmitir la realidad, únicamente puede representarla. Tiene claro que las noticias o las crónicas o los reportajes son escritos por seres humanos, que tomarán decisiones que afectarán el escrito: ¿qué voy a contar? ¿Cómo lo voy a contar? ¿Qué enfoque le daré al texto? ¿Qué tipo de fuentes utilizaré? ¿Cuál género será el más adecuado para mi historia? Estos interrogantes condicionan el texto que se produce y lo que le llegará a los lectores; pero también entiende que estas decisiones deben ser responsables y se debe buscar la mayor precisión posible.
Oriana Fallaci6, en una entrevista con la revista Time, ratificó estos conceptos; afirmó que odiaba la palabra objetividad, que prefería referirse a lo ''correcto'' y a lo ''honesto'', y agregó: ''Mis entrevistas nunca son frías. Porque me enamoro de la persona que está frente a mí, así la odie. Una entrevista es para mí una historia de amor. Es una pelea. Es un acto sexual'' (Fallaci, 1975, 20 de octubre. Time. p. 47).
Tomás Eloy Martínez (2006) también ha reflexionado sobre el tema de la objetividad y ha expresado: ''De todas las vocaciones del hombre, el periodismo es aquella en la que hay menos lugar para las verdades absolutas. La llama sagrada del periodismo es la duda, la verificación de los datos, la interrogación constante'' (Martínez, 2006, p. 38). En el periodismo siempre hay que tener una determinada inclinación hacia la duda, hacia la confirmación, hacia la vivencia.
Relaciones incestuosas entre el periodismo y la literatura
En
una sociedad en la cual los estudiantes aprenden que hay dos clases de
escritura, la ficción y el periodismo, y que el periodismo es en general
una prosa opaca, hacer periodismo literario es un negocio difícil.
Norman Sims
El periodismo y la ficción, asociada a literatura, son dos universos diferentes, pero hay producciones en las que se presenta un amplio escenario para indagar cómo pueden encontrarse la literatura y lo fáctico, en textos periodísticos que pueden tener valor estético.
El periodismo, como una modalidad de discurso, comparte distintas características con la escritura que se considera tradicionalmente como literaria, es decir, como arte del lenguaje. El periodismo no es una imagen que refleja la realidad, sino una construcción, una representación de ésta. Y construcción quiere decir que es una producción discursiva, con todas las características que puede tener una representación de una obra literaria.
La teoría contemporánea de los géneros enseña que el género literario no debe entenderse como un sustrato metafísico. El género no es una esencia, sino un producto histórico: hay géneros que dejan de cultivarse, mientras otros aparecen como resultado de fusiones, mezclas, ensayos o trasgresiones de categorías existentes. En este sentido, géneros como la epopeya son considerados en desuso, y géneros como la crónica o el reportaje podrían considerarse como literarios, a partir de sus relaciones, sus aportes, sus construcciones comunes. Además, como plantea Tzvetan Todorov7 (1988), ''Un nuevo género es siempre la transformación de uno o de varios géneros antiguos: por inversión, por desplazamiento, por combinación'' (Todorov, 1988, p.34).
Manuel Silva Rodríguez (2007) habla acerca de las relaciones entre periodismo y literatura y lleva la problemática más allá de lo meramente formal; a través del análisis a la obra de Truman Capote8 intenta una reformulación del concepto de literatura canónica, inclusive, esboza un intento de ampliación del horizonte estético:
No se trata de trasladar técnicas o procedimientos de un campo a otro, sino de poner en cuestión el concepto mismo de literatura privilegiado por la tradición. A la luz de la noción más convencional de lo que se puede entender como literatura, el trabajo de Capote aparecía como un verdadero oxímoron: novela de no- ficción, o sea, literatura sin invención. (Silva, 2007, p. 67).
Para fundamentar sus planteamientos, Silva Rodríguez (2007) recurre a la opinión de varios teóricos que coincidieron en señalar esas características de fondo y de forma que tiene el periodismo narrativo, y centra su atención en la diferencia entre lo imaginativo y lo imaginario. En el periodismo puede haber textos muy imaginativos, que requieren un gran esfuerzo intelectual de sus autores. Lo único que quedaría excluido sería lo imaginario, lo ficcional:
La novela de Capote, pues, puso al descubierto que, para crear literatura, para que un texto adquiera valor literario, no necesariamente tiene que tratar de cosas imaginarias, hablar de lo que podría ser, sino que puede tomar como material lo que ya fue, lo existente [...] en arte, y por lo tanto en literatura, importa menos el qué (en este caso su naturaleza, si es ficticio o no) que el cómo. Importa más cómo está configurado el material, es decir cómo se organizan los elementos y conforman un todo coherente, que de dónde procede, si de la imaginación del autor o de la realidad fáctica. En otros términos, recordando la estética de Adorno, podríamos decir que aquello que inventa o descubre el autor es el cómo, la forma adecuada a su material. (Silva, 2007, p. 67).
El hecho de no tener ficción no imposibilita a un texto para considerarse literario; hay autores que toman la decisión consciente de no inventarse nada porque es el recurso que consideran más válido para presentar sus construcciones lingüísticas y la falta de ficcionalidad no les impide poseer un componente estético y artístico.
Silva Rodríguez, inclusive, se remonta a las reflexiones de los griegos y plantea unos posibles errores de interpretación de la crítica a las teorías planteadas por los clásicos, y formula nuevas interpretaciones que apoyarían el hecho de que algunos textos periodísticos puedan considerarse literatura.
Pese a que se ha prestado más atención a la parte en que Aristóteles dijo que el poeta escribe sobre aquello que podía ser, el mismo filósofo agregó después lo siguiente: ''De todo lo dicho se desprende con claridad que el poeta debe ser más un hacedor de tramas que de versos [...] Y si en algún caso se hace objeto de su poesía sucesos reales, no por ello es menos poeta''. (Silva, 2007, p. 67).
La labor, en este caso, del periodista está en encontrar esos elementos poéticos en la realidad, en lo cotidiano, en las tragedias y vivencias de los personajes comunes.
Otra reflexión de Silva Rodríguez (2007) tiene que ver con la recepción de la obra de arte. De nuevo, a partir de los textos de Truman Capote, y de la subversión a esta problemática estética: ''En efecto, se trata de la reafirmación de que por fuera de los cánones y de la teoría que pretenden predeterminar qué es arte, en última es en el momento del contacto del receptor con la obra cuando se reconoce la calidad estética o no de la creación'' (Silva, 2007, p.67).
La estética y la recepción de las obras estéticas no pueden ser estáticas; hay momentos en los que es necesario analizar tendencias diferentes a las dominantes, ampliar los horizontes. En el caso colombiano hay ejemplos muy claros; la crítica olvidó la obra de un autor como José Antonio Osorio Lizarazo por tres razones fundamentales:
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Estuvo alejado de la estética dominante de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, enmarcada en las ideas conservadoras, que tenían una fuerte nostalgia por lo español y buscaban mantener el privilegio de unos cuantos. Esa estética era defendida por una élite letrada, que estaba en el poder.
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La miopía de la crítica que catalogó como errores y aspectos negativos, elementos que eran definitivos para la construcción de la obra de Osorio Lizarazo. El autor bogotano es pionero en el tratamiento del tema urbano en la literatura colombiana e identifica una serie de características de la trasformación de las ciudades y el impacto sobre sus habitantes, el surgimiento de problemáticas eminentemente urbanas. Osorio Lizarazo utiliza los recursos narrativos más válidos y adecuados, como lo expresa Rafael Gutiérrez Girardot (1982) para construir una narrativa coherente, veraz y verosímil, en la que era necesaria la investigación, los análisis sociológicos, el periodismo de inmersión.
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Los hechos extraliterarios, como trabajar para la dictadura de Juan Domingo Perón y Rafael Leonidas Trujillo hizo que los intelectuales colombianos se distanciaran definitivamente de él y acabaran de justificar ese nefasto e injusto olvido que pesa sobre su cabeza.
Es lamentable que la crítica permanezca inmóvil y anquilosada, y haga que obras prolijas y de una calidad indudable estén en el olvido por la miopía. Para Osorio Lizarazo era más importante ser fiel a la realidad, así tuviera que alejarse de lo bello e ideal y mostrar lo feo y degradado. Esto es fundamental ya que, según expresa Silva Rodríguez (2007):
Como postula Heidegger, la experiencia del arte es un shock a nuestra forma habitual de ver las cosas que nos mueve a verlas de otra manera, en obras como éstas donde no hay ficción su grandeza radica en que aun estando el lenguaje ligado a la realidad efectiva, por la organización total del material que le da cuerpo la obra trasciende el nivel informativo y nos comunica más que los datos escuetos tomados de los hechos reales. Es porque las convenciones estéticas se han roto, que el pensamiento estético más contemporáneo ha trasladado la pregunta de qué es el arte hacia los interrogantes de dónde o cuándo hay arte (Silva, 2007, p. 67).
Estos postulados están en la misma línea que expresa el teórico francés Gerard Genette (1991), en su texto Ficción y dicción, en el que plantea la existencia de un criterio temático y otro formal para la consideración de un texto como literario. Inclusive, piensa que
Por ser un fenómeno plural, la literalidad exige una teoría pluralista que se haga cargo de las diversas formas que tiene el lenguaje de escapar y sobrevivir a su función práctica y producir textos susceptibles de reconocimiento y apreciación como objetos estéticos (Genette, 1991, p. 27).
En este postulado es clara la necesidad de no ser estáticos en la apreciación y está la certeza de no determinar la ficción como único criterio para definir la literariedad (eso que le concede su carácter de literario a un texto). Manuel Silva Rodríguez (2007) reivindica estos elementos en la obra de Truman Capote, pero antes de Capote estuvieron Daniel Defoe, Rodolfo Walsh9, y también Osorio Lizarazo.
Dentro de esta técnica es importante tener en cuenta la opinión de Germán Santamaría10 (1997), uno de los grandes cronistas de las últimas décadas en Colombia, quien describe una metodología importante en la construcción de sus obras de periodismo narrativo
Esta metodología cumple la premisa que promulgaba Joseph Pullitzer, citado por Velásquez (2005), entre sus reporteros ''hazlos reír, hazlos llorar, pero provócales emociones'' (2005, p. 91), una manera de observar la escritura, lo literario a través de lo real, y esa premisa de que se pueden construir textos literarios con lo periodístico.Creo que en el periodismo sí es posible plantear hallazgos estéticos, hallazgos que perduren por la belleza y que les den a los lectores una sensación de espiritualidad, de rabia, de amor, de rechazo, de ira, de violencia, de cuestionamiento o de gran belleza, de gran sutileza, inclusive de dimensión musical (Santamaría, 1997, p. 11).
Aunque la escribió toda en periódicos y revistas: de Medellín, de Bogotá, de Pereira, de Barranquilla, la suya es de las más genuinas literaturas, de las más sobrias, de las más elegantes, de las más inteligentes, también de las más divertidas y a veces de las más irónicas. Pero no era ficción lo suyo sino pequeñas crónicas, es decir, asuntos de la realidad, del pasar cotidiano [...] cientos de crónicas, de breves ensayos en los que puso, sin excepción, una dosis tal de sensibilidad, de sabiduría natural y de percepción poética, que, 110 años después, no sólo es muy difícil parangonarlos con alguna otra obra en nuestro medio y aun en un medio distinto al nuestro, sino que conservan intactas su lozanía, su frescura juvenil, su delicada y sutil elegancia (Sierra, 2008, p. 6).
El periodismo también ha contribuido al desarrollo de la literatura, por ejemplo, la obra literaria de Luis Tejada está conformada por crónicas, que son piezas sensibles de realidad. Este aporte también lo podemos vislumbrar a través de la lectura de ese fragmento del acta del premio Nobel que le fue concedido a Gabriel García Márquez que dice: ''por su obra literaria y periodística''. Un premio eminentemente literario que reconoce, además de lo obvio: el aporte de la literatura, la contribución de lo fáctico en la obra de, quizá, el mejor periodista colombiano de todos los tiempos.
William Faulkner11, hablando sobre sus novelas afirmó: ''Todos mis personajes son gente a la que conozco y sobre la que hice muchas averiguaciones'' Uno de los grandes maestros del periodismo narrativo, Gay Talesse, en una entrevista realizada por Boyton (2005), planteó:
Quiero transmitir el asombro de la realidad. Creo que si uno excava lo suficiente dentro de los personajes, éstos se vuelven tan reales que sus historias adquieren un aire imaginario. Parecen de ficción. Yo aspiro evocar la corriente ficcional que fluye bajo el río de la realidad. (2006, p. 19).
Personajes reales, transmitir el asombro de la realidad, un literato como Faulkner; un periodista como Talesse, que comparten técnicas narrativas, recursos intercambiables, una relación incestuosa entre el periodismo y la literatura que les ha aportado métodos, maneras de trabajar y de concebir la escritura. Unas relaciones en la que se hace presente la necesidad de la investigación, del periodismo de inmersión, de ese que se hace caminando, metiendo la nariz entre papeles, conversando u observando a alguien mientras hace su trabajo. Ese que requiere mística, pasión y un método juicioso. O un método salvaje para investigar sin mapas ni brújula, y luego escribir con la emoción aún pegada a los dedos.
El periodismo como trasmisor de conocimiento
Cada noche, después de contarles historias a sus nietas,
Somerset Maugham iba hasta la puerta y las miraba una vez más,
rendidas al sueño: ''Sentía allí que un narrador, en el fondo, no es más que eso:
el que apaga la luz''. Un cronista, por el contrario,
vendría a ser el que la enciende
Julio Villanueva Chang
Cuando se escribe se comparte el saber, la experiencia y lo que se investiga, se establece un diálogo entre el escritor y el lector de cualquier época; en esta conversación interviene el saber y el acervo cultural de cada uno. Por eso uno de los principales fines del periodismo es la transmisión de conocimiento, dejar huella de la sociedad y de la época en la que se escribe. En este propósito cumple un papel fundamental la crónica, desde su etimología: Chronos, tiempo; este género se ha encargado de registrar la sucesión temporal desde que el ser humano adquirió el lenguaje, desde esa feliz conjunción entre lengua y habla.
Se habla de crónica a partir las primeras civilizaciones que intentaron dejar testimonio de sus costumbres. La crónica está presente en la Biblia, en el Génesis, en el principio, rico en testimonios. También hay crónica en los griegos y romanos quienes documentaron el esplendor de sus civilizaciones; hablamos de los Cronistas de Indias, quienes maravillaron a Europa con lo que encontraron en el Nuevo Mundo, grandes hombres como Alejandro Magno tenían cronistas a sueldo para registrar sus hazañas.
Mucho se ha criticado al periodismo por tener una fecha de vencimiento muy próxima, por tener una caducidad casi inmediata, pero esa evanescencia temporal desaparece cuando el periodismo que se hace tiene un componente estético y logra capturar el ambiente, las costumbres, la cultura en la que se produce. Por eso, las investigaciones de las ciencias sociales, y hasta de la literatura, comienzan con una revisión de la prensa, por eso podemos sorprendernos frente a una crónica escrita hace varios años.
En la cartilla número 13 del Legado del saber, que publicó la Universidad de Antioquia como parte de la celebración de sus 200 años, llamada Literatura de urgencia, Juan José Hoyos (2003), plantea: ''El periodismo ha sido tal vez la actividad humana que, junto con la historia, la literatura y otras artes como el teatro y el cine, les ha permitido de manera más profunda a los hombres conocerse a sí mismos y arrojar luz sobre su propia historia''. (Hoyos, 2003, p. 12).
Ese conocimiento nace de la posibilidad de mirar el reflejo de una época, de rastrear las costumbres, los modos de vida, el habla de la gente. Hay corrientes literarias que se imponen y determinan el tipo de literatura que se produce en algunos momentos; por eso el periodismo, ansioso de contar lo que pasa en un lugar determinado, en un tiempo determinado, con el privilegio del aquí y el ahora, constituye una fotografía fundamental, un espejo en el que las generaciones del futuro, cualquier futuro, pueden mirar y conocer lo que sucedía y cómo sucedía. En ese sentido, es necesario que el reportero sea detective, obrero, pero también un sujeto con los sentidos dispuestos a ver, oler, escuchar y capturar una época; un periodista que sea consciente de que no escribe para el momento sino para capturar el momento que más adelante puede ser consultado. Esto sería, como escribió Juan Villoro12, citado por Julio Villanueva Chang13 (2006), ''un modo de improvisar la eternidad''.
Norman Sims, en Los periodistas literarios o el arte del reportaje personal (1996), plantea que ''como los antropólogos y los sociólogos, los reporteros consideran que comprender las culturas es un fin'' (1996, P.15). Los periodistas buscan que la acción hable, que sus relatos sean una manera de entender y retratar la cultura en la que viven. El investigador Donaldo Alonso Donado Viloria en su estudio titulado Crónica anacrónica. Un estudio sobre el surgimiento, auge y decadencia de la crónica periodística en Colombia (2003) señala a su vez que: ''La crónica es memoria escrita''. La crónica y el periodismo, en general, sirven para dejar testimonio de la época en la que se escriben. La escritura permite que esa huella se conserve, que no sea una sustancia etérea que puede evaporarse.
Para lograr estas condiciones se necesita un nuevo periodista. En su definición, Julio Villanueva Chang propone unas nuevas responsabilidades de géneros como la crónica
GENERO PERIODISTICO... para un lector una crónica ya no es tanto un modo literario de ''enterarse'' de los hechos, sino también una forma de ''conocer'' el mundo. La crónica se ha vuelto una forma de conocimiento. Un cronista ya no es sólo un escritor de la información. Se necesitaba una definición más ética. Ahora su tarea parece ser contar una historia de verdad y evidenciar los síntomas de su época. Se trata de convertir el dato en conocimiento. (Villanueva Chang, 2006, p. 57).
El concepto de género periodístico, según Velásquez (2005), fue utilizado inicialmente por Jacques Kayser, quien en 1952 veía en este concepto uno de los criterios para la clasificación de los contenidos de la prensa.
La teoría clasificadora de los géneros periodísticos no se creó inicialmente con una preocupación filológica o literaria, sino más bien como una técnica de trabajo para el análisis psicológico de carácter cuantitativo de los mensajes que aparecían en los periódicos, posteriormente se perfiló como una doctrina filológica propia de la sociolingüística, de gran utilidad para hacer valoraciones críticas de carácter literario y lingüístico (Velásquez, 2005, p. 15).
Desde un principio, los géneros periodísticos buscaron definir una literariedad de determinadas formas de ofrecer las noticias, maneras para cumplir con el doble compromiso del contenido: la información y un componente estético: la forma.
Es importe aclarar, eso sí, el planteamiento de Gomis, citado por Velásquez (2005)
los géneros son modos convencionales de captar y traducir la realidad. Las reglas por las que se rigen son bastantes flexibles y admiten muchas variedades. Lo fundamental, sin embargo, es que cada uno de ellos cumple una función distinta y cubre un sector de ese amplio arco que va desde la noticia al editorial (Velásquez, 2005, p. 16).
Cada género tiene una función y unas características específicas; las noticias se concentran en la respuesta a unos interrogantes, que la teoría ha denominado WS, por sus siglas en inglés; los textos narrativos y descriptivos no abandonan el componente informativo, pero se concentran en otros aspectos formales que le dan gran valor a los verbos, los sustantivos o los adjetivos, según el caso, y existe una tercera corriente, que son los géneros de opinión, que buscan interpretar y orientar, en los que hay una valoración de los hechos.
Periodista y escritor estadounidense, su novela A sangre fría (1966) es considerada la precursora del Nuevo Periodismo. En ella, a través de una investigación de más de seis años, el autor reconstruye el asesinato de una familia en Holcomb, Estados Unidos. Este hecho había sido una noticia de unos pocos renglones en la prensa informativa, pero Capote aplicó técnicas literarias para hacer un Gran Reportaje, en un género que él mismo denominó Non fiction novel.
Según los argentinos es el creador de la Novela de no ficción, su libro Operación masacre que relato los hechos ocurridos en 1956, cuando se presentó un contra-golpe militar a la dictadura de la llamada Revolución Libertadora que fracasó. En un terreno baldío de la provincia José León Suarez, de Buenos Aires, Argentina, son fusilados varios civiles sospechosos de hacer parte del levantamiento. A casi seis meses del hecho, alguien le dice a Rodolfo Walsh que hay un fusilado que vive. Gracias a la investigación, Walsh descubre que son siete los sobrevivientes, los contacta y cuenta su historia.
Juan Villoro es uno de los principales cronistas de Latinoamérica, sus textos han sido publicados en América y Europa, sus crónicas tocan temas que van desde el fútbol hasta los Simpson. En su trabajo se destaca la combinación de narración e información, en un entramado narrativo que se relaciona con el ensayo.
[14] La fórmula de este tipo de presentación se basa en la construcción de un primer párrafo o lead, en el que se resumen los datos más importantes. Luego se van incorporando párrafos en orden de interés decreciente.
El reporter es el periodista que ya no se fundamenta en las informaciones telegráficas y tampoco se dedica a la prosa partidista; en cambio, sale a la calle a buscar las noticias, investiga, reportea. Esta palabra se adaptó al español y se convirtió en reportero y es el origen de la palabra reportería.
El origen de la entrevista, las primeras transcripciones de diálogos en la prensa.
LatAm Journalism Review (LJR) habló con tres periodistas especializados en el periodismo narrativo de largo aliento: Mónica Baró (Cuba), Diego Fernández Romeral (Argentina) y Beatriz Valdés (Colombia) sobre cuáles son sus mejores prácticas para producir reportajes o crónicas de periodismo narrativo de calidad.
Los tres han sido reconocidos con el Premio Gabo en la categoría de Texto por piezas de ese género: Baró en 2019 por “La sangre nunca fue amarilla”, Valdés en 2023 por “El grito por justicia y reparación de las mujeres afro violentadas sexualmente”, y Fernández Romeral este año por “La historia de los caballos”.
A continuación presentamos 15 recomendaciones de estos autores para escribir piezas de periodismo narrativo de largo aliento tan memorables como sus trabajos ganadores.
1. Entrenar la mirada para detectar grandes historias
Lo que puede mantener al periodismo narrativo es desarrollar una mirada para detectar historias que puedan realmente conmover a las personas y que permita poner en duda sus opiniones y creencias.
“Aprender a detectar esas historias que tengan tanta complejidad en sí mismas que te dejen en lugares incómodos, que te produzcan emociones, va a permitir que sigan sucediendo cosas como esta [el éxito de ‘La noche de los caballos’]” “Así es como creo que se sostiene el periodismo narrativo, encontrando las historias desde nuestro trabajo como periodistas”.
2. Dedicar a la historia el tiempo necesario
Una buena historia de periodismo narrativo no puede hacerse a la velocidad de otros géneros periodísticos, dice Fernández Romeral, cuya crónica “La historia de los caballos” tomó cerca de un año en su realización. Mónica Baró dedicó tres años a investigar y escribir “La sangre nunca fue amarilla”.

El reportaje de Baró ganador del Premio Gabo habla de la contaminación por plomo en una comunidad de La Habana y su impacto en la salud de sus habitantes. (Foto: Captura de pantalla de periodismodebarrio.org)
“Hay historias que cuando detectas que te pueden llevar meses, debes elegir una y darle todo el tiempo que necesita. No la entregues hasta que no tengas lo que pensabas. Aunque sea con una, démonos el gusto de hacerla de esa manera”, dijo Fernández Romeral, citando al periodista argentino Javier Sinay, también ganador del Premio Gabo por “Rápido. Furioso. Muerto: una crónica bonaerense”.
Baró dijo que en América Latina muy pocos periodistas cuentan con las condiciones idóneas para producir un reportaje de largo aliento. Por tanto, se debe estar consciente que hacerlo siempre implica renunciar a varias cosas.
“No existen las circunstancias ideales, mucho menos si eres un periodista latinoamericano, mucho menos si eres un emigrado o un exiliado”, dijo. “Entonces se trata sencillamente de elegir, apostar por ti y apostar por una historia”.
3. Buscar el lenguaje adecuado para cada historia
Como en otros géneros, en el periodismo narrativo la voz del autor debe mantenerse lo más neutral e invisible posible, dijo Baró. Sin embargo, existen historias que permiten tener más presente la voz del autor. Aunque no existen fórmulas para saber de antemano qué tipo de lenguaje funciona mejor en cada historia, los periodistas deben hacerse la pregunta antes de comenzar a escribir.
“Yo evito de alguna forma generalizar la misma voz para todas las historias porque siento que todas las historias tienen su propia alma y exigen su propia narrativa. No solamente con el lenguaje, sino también con la estructura”, dijo Baró.
4. Esbozar una estructura antes de escribir
Pensar en la estructura narrativa que seguirá la historia antes de sentarse a escribirla es de mucha ayuda, no solo para evitar perder el hilo de la narración, sino también para asegurar que el relato tenga el sentido que quiere dársele, dijo Valdés.
“La estructura es clave para uno saber por dónde va, pero para mí también es clave para que se sienta que el relato efectivamente funciona y que no sea simplemente como una seguidilla de información en la que una cosa simplemente va detrás de la otra”.
Definir una estructura narrativa implica el ensamblaje de las historias que conformarán el reportaje, la configuración de los capítulos y el acomodo de las escenas, una vez revisada la reportería y el material con que se cuenta, dijo Valdés. En el caso de su reportaje ganador, la periodista armó una estructura narrativa alrededor de un personaje principal, cuya historia es el hilo conductor de la narración.
“Es como ir estructurando en qué momentos entra una información complementaria, en qué momento puede entrar algo que te dijo una fuente que se relaciona o difiere de lo que te dijo el personaje principal”, dijo. “Es saber dónde puede estar la consistencia del relato, o si son quizá una serie de relatos, cuál es el pegante que los une”.
5. Jugar con los tiempos
El español permite una relación con el tiempo muy distinta a la de otras lenguas en lo que se refiere a narrativas, dijo Baró. Eso abre la posibilidad de jugar con la estructura de una crónica de largo aliento para no necesariamente presentarla de forma cronológica.
“En la racionalidad de América Latina y la caribeña el tiempo quizás sea un elemento mucho más difuso”, dijo Baró. “Estamos acostumbrados a acercarnos a las historias no necesariamente por la cronología, sino a veces por algo que nos conmocionó así de repente y por ahí empezamos. Yo trato de jugar un poco más con la estructura”.
6. No dejarse llevar por lo poético o literario
Si bien el periodismo narrativo rompe con las estructuras rígidas de otros géneros para dar lugar a elementos estéticos y literarios, es importante que el autor no pierda el objetivo periodístico de su trabajo, considera Valdés.
Por ello, la narrativa debe obedecer a la información, y no al revés, de modo que el mensaje transmitido sea claro, agregó.
“Muchas veces uno se siente tentado a escribir de una manera literaria y poética, pero la idea no se entiende. Y si la idea no se entiende, no sirve”, dijo. “Es importante que lo que se va a comunicar sea claro. Para mí el periodismo sí o sí tiene que ser de servicio. Entonces si a ti no te sirve porque no lo entiendes, creo que no se está logrando el objetivo”.
7. Cuidar el uso de adjetivos
El uso de los adjetivos en el periodismo narrativo debe ser muy cuidadoso, sobre todo cuando una historia aborda temas trágicos o crudos, coinciden Baró y Fernández Romeral. Para la periodista cubana, cuyos reportajes han abordado temas como muertes, crímenes y enfermedades, usar calificativos para describir los hechos puede llegar a rayar en lo morboso.
“Las historias, lo que va pasando con los personajes, los hechos en sí ya dan una imagen de la realidad”, dijo Baró. “Cuando la imagen está tan bien dada por los propios hechos y son imágenes además duras, a mí me parece que los adjetivos se vuelven demasiado burdos”.
8. Contar datos duros con imágenes
Fernández Romeral dijo que aprendió del periodista Julio Villanueva Chang, fundador de la extinta revista peruana de periodismo narrativo Etiqueta Negra, que los datos duros deben ir vinculados a imágenes narrativas que ayuden a entenderlos en función de algo más.

La investigación y escritura de "La noche de los caballos" le tomó alrededor de un año al periodista Diego Fernández Romeral. (Foto: Captura de pantalla de gatopardo.com)
En el caso de su reportaje, el cual aborda el tema del tráfico ilegal de carne de caballo, para que el lector tuviera una dimensión de la cantidad de dinero que mueve este negocio en el mundo cada año (500 millones de dólares), el periodista lo comparó con la herencia que la Reina Isabel II había dejado a su familia.
“Nunca hay que caer en el tedio del dato o la sobreestimulación de los datos”, dijo. “Tienes que dar una imagen para que el lector sienta algo, porque un número no transmite emociones. Los datos son necesarios porque es periodismo, pero necesitamos que esos datos transmitan emociones”.
9. Ganarse la confianza de las fuentes
Los periodistas que deseen escribir una pieza de periodismo narrativo deben tener grandes cantidades de paciencia y tiempo para ganarse la confianza de las fuentes, idealmente a lo largo de varios encuentros. Sobre todo con aquellas fuentes en condiciones vulnerables o que han vivido eventos trágicos, dijo Baró.
En ocasiones, dijo la periodista, las primeras entrevistas sirven más para ganarse la confianza de las personas que para obtener información para la historia.
“Para mí las cosas más relevantes no surgen en los primeros encuentros. Lo que más me interesa es cuando la gente está menos a la defensiva y confía más en ti”, dijo Baró. “Tienes que lograr que la gente te dé las palabras, las declaraciones, las emociones que tú vas a contar sin que la gente tenga conciencia, lo que resulta atractivo para un periodismo literario. Eso es un proceso que lleva trabajo y otra serie de estrategias”.
10. Dar el tiempo y el lugar adecuado a las entrevistas
Baró y Valdés coinciden en que las entrevistas para reportajes de largo aliento deben ser mucho más extensas que las que se requieren para otros géneros. Además, es importante que se ubique a los entrevistados dentro de un ambiente controlado, donde se sientan tranquilos y con tiempo disponible.
“Estas entrevistas requieren tiempo, requieren observación, requieren prestar atención”, dijo Valdés. “En mi caso [para el reportaje ganador del Premio Gabo], las entrevistas fueron muy largas, fueron horas de entrevista”.
Baró dijo que en historias sobre temas sensibles es particularmente importante que el periodista se asegure que cuenta con tiempo suficiente para dedicar a las entrevistas, de modo que los entrevistados sientan empatía.
“Si vas a llegar a preguntarle a una persona que ha sido víctima de alguna agresión, o que ha perdido a un familiar, y llegas a preguntarle sobre ese dolor, sobre algo tan íntimo, irte a los 10 minutos es un poco irrespetuoso”, dijo Baró. “La prisa puede ser entendida como que no te importa”.
11. Evitar hacer las historias en función de un pago
“Si hubiese hecho ‘La noche de los caballos’ por el dinero, la hubiese tenido que terminar en un mes, que es lo que hubiese alcanzado para vivir con el pago de la crónica”, dijo. “Debes tomar esa decisión de decir ‘aunque sea una historia, la voy a hacer solamente por la historia’. Cuando encuentras La historia, sabes que te vas a entregar a ella, que le vas a dedicar todo lo que necesita y que no lo vas a hacer por el pago, porque el pago nunca va a alcanzar”.
12. Deconstruir los reportajes de otros
Para escribir buen periodismo narrativo es fundamental leer muchas piezas del género de distintos autores, coinciden los periodistas.
Pero Baró va incluso más allá. La periodista cubana dijo que antes de comenzar un reportaje intenta diseccionar los textos de otros colegas para tratar de dilucidar cómo se hicieron.
“Antes de hacer alguna historia, yo busco cómo se ha contado un problema similar a ese y trato de ir más allá de la lectura y tratar de deconstruir la reportería que hay detrás”, dijo.
13. Autoeditarse
La autoedición permite hacer un ejercicio introspectivo antes de que el texto llegue a las manos de un editor, dijo Valdés. También ayuda al periodista a identificar la falta de datos necesarios, o bien si hay información que está de más. Igualmente, con un proceso de autoedición se puede saber si la narración fluye correctamente o se deben hacer ajustes, dijo Valdés.

El texto de Valdés toma como hilo conductor la historia de Aura, una mujer afrocolombiana que sufrió violencia sexual durante el conflicto armado en Colombia. (Photo: Captura de pantalla de elespectador.com)
“De repente piensas que escribiste algo hermoso pero luego ves que, o no se entiende o en verdad es información que no es necesaria, o que, por el contrario, puede confundir”, dijo. “El ojo autocrítico creo que es como el primer gran filtro para uno poder entender que su narración está logrando el objetivo. Y, por otro lado, para que luego el proceso de edición externo no sea tan doloroso”.
Para lograr una autoedición efectiva es recomendable “dejar reposar el texto” por algunos días y luego volver a él con los ojos más frescos, dijo la periodista.
14. Verificar
El periodismo narrativo no está exento de la necesidad de comprobar la precisión de la información. Para ello, las entrevistas de seguimiento son importantes, dijo Valdés.
“A veces una está escribiendo y se da cuenta que le falta un dato y ese dato no se puede obviar. La posibilidad de volver a la fuente, a los protagonistas, para hacer más preguntas es fundamental”, dijo.
La periodista agregó que es importante asegurar la disponibilidad de las fuentes para contactarlas en caso de necesitar verificar fechas, edades, lugares, u otros datos que de no tenerlos dejarían cabos sueltos en la narración.
“Al momento de las entrevistas uno no sabe qué tan importante van a ser esos datos en el relato, entonces también creo que tener la posibilidad de volver a las fuentes para hacer la verificación es un punto fundamental”, dijo.
15. Trabajar en las historias sin pensar qué pasará con ellas
Cuando se dedica tanto tiempo a un reportaje de periodismo narrativo se debe evitar pensar en cuestiones como qué tan bien la recibirán los lectores, cuántos clics generará o si ganará algún premio, porque eso distrae al periodista del objetivo de contar una buena historia, de acuerdo con Fernández Romeral.
“Tienes que trabajar por la historia. Es cierto eso de que si uno trabaja por la historia, después todo lo que ocurre viene solo”, di
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