Defreds o La inspiración poética

Defreds o La inspiración poética «No digáis que, agotado su tesoro,/ de asuntos falta, enmudeció la lira;/ podrá no haber poetas; pero siempre/ habrá poesía», rimaba Bécquer a finales del siglo XIX, el siglo del Romanticismo, los años de la rebeldía y el misterio, aquellos que precedieron a la crisis que vivieron los del 98 para quieres los del 27 fueron críos sin más entretenimiento que recordar a un tal Góngora -que no es más que el mejor poeta español según algunos eruditos en la materia. Los libros eran codiciados por muchos, al alcance de pocos, y los periódicos eran el mejor vehículo para ensayistas y escritores que querían convencer con palabras musicales de aquello que latía en sus corazones. ¡Algo se movía ahí dentro! Sin embargo, los años han pasado y ser poeta se ha convertido «en humo, en polvo, en sombra, en nada», pues el prestigio se basa en números, en seguidores, en reacciones y en la cantidad de fotos que comparta el escritor en sus variopintas redes sociales. Se han colado, con el permiso de todos, obras llenas de una fraseología -en su tercera definición del Diccionario de la Real Academia Española– que deberían decepcionar a esos fanáticos de las églogas, sonetos, coplas, romances, madrigales y amantes de la estrofa, la rima, la metáfora, el don de poeta.

 

 ¡Pero el tiempo pasa y el público también ha cambiado! «Ay el tiempo! Ya todo se comprende», me enseñó un poeta del siglo XX. Leía en un artículo de El Mundo hace ya demasiado tiempo -casi tanto que lo he olvidado- que «La poesía, cada cierto tiempo, tiende a abrir las ventanas y airearse», ley cierta e impepinable, pues quien se informa un poco de los rodeos que ha dado la lírica a lo largo de los siglos no puede dejar de reconocer que Garcilaso no podría ni tan siquiera tomarse un café con Luna Miguel. ¿Estaría Boscán de acuerdo con la soberbia maestría de Juan Ramón Jiménez?

 Defreds, quien aparece en el mismo artículo como el mayor exponente de la capacidad de arrastre de Twitter y Facebook, se define como un escritor dedicado a la prosa-poética directa y sencilla, todo un galán de las palabras, ¡un apasionado! 


 

En Instagram y en Facebook demuestra, a la perfección, su talento: «Lo que pido al próximo año es que tú formes parte. Defreds», «El amor se mide más en ganas e ilusión que en meses. Defreds», «Todos tenemos un verano que lo cambio todo. Defreds».

 Instrucciones para ser como Defreds (o incluso mejor) Defreds afirma que escribe «cosas reales» y que esto es lo que tiene la culpa de tanto fanatismo. ¡Pues escribamos también cosas reales! ¡Así seremos todos poetas! Paso número uno: elegir un nombre sonoro. Evidentemente Patricia, Hugo, Laura o Martín no va a decirle nada a nadie. Así que cámbiate el nombre, busca alguno que suene a «de pequeño bebí lejía» o «soy tan pansexual que no sé lo que significa». En este caso, yo escogeré «Galafema». Paso número dos: domina Instagram, porque Twitter ya está desfasado. Esta red social te permitirá, gracias a cuatro o cinco filtros, parecer lo que tú quieras: vintage, moderno, súper cool. Ni se te ocurra poner en tu perfil que quieres ser o eres poeta. Coloca algo como «Regalando sonrisas», «Buscando la inspiración en la ociosidad», «Cagar es arte». Esto atraerá a un público confuso y deseoso de postureo. Paso número tres: Si dominamos cuatro o cinco filtros ya somos un usuario casi experto, así que ahora pensemos en cosas reales. Cosas, cosas… ¡Cosas! Por ejemplo, la caspa. La caspa es una cosa real. Si queremos ser poetas tenemos que darle un matiz popular. Podríamos escribir algo así: «La caspa muestra que estamos creciendo. El tiempo vuela». Paso número cuatro: Coge un papel en blanco (solo los novatos escriben en libretas), divídelo en cuatro partes y escribe la frase con un rotulador digno, en mayúsculas, y colócale tu nuevo nombre artístico con el símbolo de la almohadilla. No olvides cortar la frase que has elegido por la mitad o en cinco mil partes. Cuantos más espacios, más moderno eres. Paso número cinco: Busca un fondo simple para la foto, pero rodéala de todas las cosas desfasadas y a la vez llamativas de tu alrededor. Si no quieres ser cutre, procura que haya varios colores que hagan contraste, así tu poesía llamará más la atención. ¡No olvides el filtro! Paso número seis: ¡Ahora ya podrás subirla a tus redes! Busca las etiquetas adecuadas, dale tu mismo a «Me gusta» y empieza a compartir. ¡Bienvenido, poeta del siglo XXI!

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