Escribir bien y el arte verdadero

 Empece a escribir cuando tenia 8 años: de improviso, sin inspirarme en ejemplo alguno. No conocia a nadie que escribiese y poca gente que leyese. Pero el caso era que solo me interesaban cuatro cosas: leer libros, ir al cine, bailar zapateado y hacer dibujos. Entonces, un dia comence a escribir, sin saber que me habia encadenado de por vida a un noble pero implacable amo.

Cuando Dios le entrega a uno un don, tambien le da un latigo; y el latigo es unicamente para autoflagelarse.

Pero, por supouesto, yo no sabia. Escribi relatos de aventuras, novelas de crimenes, comedias satiricas, cuentos que me habian referido antiguos esclavos y veteranos de la guerra civil. Al principio fue muy divertido. Dejo de serlo cuando averigue la diferencia entre escribir bien y mal; y luego hice otro descubrimiento mas alarmante todavia:la diferencia entre escribir bien y el arte verdadero; es sutil pero brutal. ¡Y, despues de aquello, cayo el latigo!

Truman Capote, Musica para camaleones. 

Historia de una pasion 

En uno de mis recuerdos mas remotos, yo tengo cuatro o cinco años. Mi padre me lee un libro.

Un texto maravilloso sobre la muralla china. Si se edificara hacia el cielo, la muralla llegaria hasta la luna. Ahora me veo en el suelo, con la boca abierta, mirando a mi padre, sentado en una silla, oigo aquel relato que me hace flotar fascinado de contento y me hace burbujear algo en el pecho.

Mientras escribo ahora, pienso que esta escena lejana sea el origen remoto de mi pasion por escribir.

Esa labor tan absorbente y tan humilde que durante años, por habito, me ocupa en las noches, borroneando libretas con poemas y cartas, reseñas y relatos.

Ese oficio del que hace parte una especial euforia, tan especial que se localiza al mismo tiempo en el corazon, en la cabeza y en el estomago, ese oficio solitario que se agota en si mismo porque dentro de el esta el placer que entrega. El placer de la imagen, de la historia que nace dentro de ti y se apodera de tu mano para volverse palabras. Aun el placer de corregir los textos. Corrijo, tachando las libretas de taquigrafia que utilizo para escribir, e intercalando frases en el respaldo de cada pagina, que al principio dejo en blanco. Una parte de estos manuscritos los mecanografio personalmente, tachando e intercalando nuevas correciones.

Dario Jaramillo Agudelo, Historia de una pasion.

Fortalezas de un escritor 

capacidad imaginativa.

capacidad de observacion

capacidad de escucha

capacidad lectora

capacidad para asimilar juicios criticos

capacidad de trabajo

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

PERIODISMO NARRATIVO

La ciencia de las frecuencias Solfeggio

ZaZen